viernes, 14 de octubre de 2016

Mi historia

Soy mujer, madre, compañera, hija, hermana, amiga y doula en la tradición.

Me gradué de la universidad de politóloga, y un tiempo después  empecé a trabajar con  primera infancia, haciendo experiencias artísticas para madres, mujeres gestantes, niños y niñas. Los encuentros cotidianos con estas mujeres, me develaban el universo basto y misterioso de la maternidad, pero además me mostraban con simpleza como nuestra naturaleza nos llevaba a tejer redes de apoyo y simpatía. Cada encuentro era una excusa para compartir,  la abuela, la madre de su cuarto hijo, la primeriza, la adolescente,  la gestante,  todas reunidas aportando desde sus historias y experiencias una manera de ser y asumirse madre, enseñándose mutuamente, conteniendo las alegría y penas de quienes allí nos encontrábamos.

En estos encuentros se sembró la semilla del trabajo con las mujeres, más que una certeza, era una intuición, se abría hasta ahora la puerta.  Un tiempo después me presenté  para participar en diplomado de yoga prenatal y doula, yo llevaba un tiempo haciendo yoga y ya que trabajaba con madres gestantes quise estar allí. Recuerdo con mucho amor el primer fin de semana que estuve reunida en círculo con estas mujeres maravillosas que me enseñaron lo poderoso y sanador que es estar en presencia de lo femenino.

Seis meses después entendí porque Dios te lleva a los lugares que necesitas, el 30 de diciembre de ese año y después de 5 días retraso en mi luna, una prueba de embarazó confirmó mis sospechas. Pero así como la vida llega con el nacimiento también la muerte es una realidad para la cual nunca nos preparamos, a las 21 semanas de embarazo tuve el nacimiento y muerte de mi Hijo Tamá (Río). En medio del dolor y confusión vivimos mi compañero y yo  tuvimos la bendición de contar con la presencia, soporte y compresión de quien iba a ser nuestra partera y doula Alejandra Montes Serna. Su presencia fue como un bálsamo para para nuestros corazones pero además entendí la magnitud que tiene ser acompañada por otra mujer, que a su vez es la presencia de muchas otras mujeres que se tejen para contener y cuidar.

Es esta experiencia la que me da la certeza de querer acompañar a otras mujeres en el encuentro con la vida y muerte que significa  la maternidad, que me lleva a seguir aprendiendo del lado de otras mujeres este camino basto y sanador, que me tienen aquí y ahora asumiéndome como doula en la tradición.

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